Al-Mutamid, el Rey Poeta

El protagonista de Por miedo a un delator: EL MORO, al-Mutamid, se medirá contra castellanos y almorávides con tal de preservar su legado.

«Sorteaban mendigos piojosos a su paso, saltando entre excrementos de asno o charcos de aguas fecales. Siete Corazas de Plata de la Guardia Real escoltaban al sultán en su paseo matutino por las estrechas callejuelas de la medina, a la sombra de las esteras desplegadas sobre los muretes de los últimos pisos. Caminar por aquel intrincado laberinto no sólo garantizaba cubrirse de mugre los bajos de las túnicas: en una sola mañana, uno recababa un sinfín de anécdotas que relatar durante la siguiente velada. 

Al-Mutamid caminaba sin detenerse, seguido por dos porteadores con sendos canastos, atentos a cualquier posible capricho de su rey. La turba le agobiaba, por más satisfecha que ésta estuviera con su recién desposado rey. ¡Como para no estarlo! Eran días de prosperidad, alabado sea Al·lah, El Pródigo. Ni León, ni Garnata, ni Batalyus: nadie les atacaba. Isbiliya era una taifa rica, por lo que salía a cuenta pagar por la paz. Si vis pacem, decían los latinajos norteños, para aurum».

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